La radio como un medio
social y cultural
Nacemos en estado más inmaduro que cualquier otro animal. Ello exige que el ser humano necesite de los demás en un modo absoluto. Necesita de los adultos, de los padres, que le ayudarán a sobrevivir y a madurar. Y hablamos no sólo de maduración física sino también psicológica. Somos animales sociales, en tanto que nos agrupamos en familias, comunidades y Estados, y además somos seres que hablamos. La sociedad humana, como paradigma de lo propiamente social, se define por formar "culturas". Una cultura es un conjunto de elementos (básicamente: objetos, costumbres, reglas e ideas) creados por el hombre y que han de ser aprendidos. El ser humano no nace con ellos, no son instintivos. Un buen ejemplo de estos elementos es el lenguaje hablado y escrito, el lenguaje de símbolos, que es distinto a la comunicación de determinados gestos espontáneos (como un gesto de miedo, o de placer). Llamamos socialización, en el contexto de las sociedades humanas, al proceso por el que un individuo va adquiriendo destrezas y conocimientos que lo van integrando a los grupos más o menos amplios con los que se identificará en mayor o menor medida.
Esos grupos actúan como agentes de socialización, que influyen activamente en nuestra formación social, identificándose cada grupo por un conjunto típico de elementos culturales. Unos grupos intervienen de un modo más cercano e íntimo (como la familia o los amigos); otros, de un modo generalmente más impersonal como por ejemplo los medios de comunicación y, si nos centramos específicamente en la radio, "Ningún otro medio de comunicación colectiva tiene tantas posibilidades de utilizar el factor imaginal como la radio. (...) La capacidad y sentido de intimidad que produce la radio es uno de sus privilegios; la facilidad de transmisión y de recepción, su riqueza. El costo por millar de la radio es proporcionalmente más bajo al de cualquier otro medio masivo. (...) La radio es una fuente ligera y manejable de entretenimiento y de información instantánea. Por su flexibilidad es capaz de adaptarse a cambios de programación más rápido que cualquier otro medio y propicia la libertad de actividades diversas sin interrumpir a la gente, cosa que no es común en otros medios masivos" (FIGUEROA, 1997: 389).
Y la personalidad de la radio tiene que ver específicamente con el sonido, ya que el sonido es el transportador de la palabra y encontrar la manera más efectiva de comunicarse, tratando en lo posible de desarrollar métodos para persuadir y convencer a los interlocutores. Pero como logramos esto, gracias a ese órgano sagrado el oído, porque sin él no podríamos escuchar a los demás ni interrelacionarnos con diversas culturas. Digamos que el carácter de un medio de comunicación depende del sentido al que se dirige. La personalidad de la radio no la establecemos los radialistas, sino el oído humano.
La radio, según McLuhan, es un medio eminentemente visual y esto es posible porque los humanos no tenemos dos ojos. Tenemos tres. El oído también ve. O mejor dicho, el oído hace ver al ojo interior, a ese que llamamos imaginación. Los ojos de la cara pueden estar cerrados. El tercero, es el de la mente, sigue bien abierto y espera que los demás sentidos, especialmente el oído lo estimule. El oído es como el cómplice de la imaginación, todo se lo cuenta. Pero para que ésta se interese, el oído tiene que transmitirle imágenes, las famosas imágenes auditivas. La radio no solamente se trata de hacer ver a los ciegos, sino de hacer oler sin nariz y acariciar sin manos y saborear a la distancia. Cuando estos ingredientes; efectos sonoros, música y palabra; se mezclan, no hay atención que escape ni orador que resulte más persuasivo.
Y es que hacer radio es seducir al oyente, lograr establecer esa corriente efectiva de emisor hacia el receptor y viceversa. Podemos tener buena voz, saber de técnicas, buenas iniciativas y haber hecho cinco años de periodismo en la universidad. Pero si no se siente algo por dentro, si no nos metemos en la magia del medio y no disfrutamos del programa, nunca llegaremos a ser buenos radialistas. El objetivo en sí, no es hablar bien, es comunicar.
Si logramos captar la atención de los oyentes, persuadir e influenciar, nuestra sociedad también lograra expresar a través del proceso comunicacional que es la radio. Puede ser un gran recurso para encaminar a una sociedad con deficiencias integradoras y buscar así poder contribuir a la formación humana a través del análisis de sus contenidos radiales y en su crítica posterior en tanto su sostenibilidad sea óptima y apueste a generar espacios de participación ciudadana y de opinión pública.
La influencia que tienen las radios comunitarias en los procesos sociales y culturales cuando.
Su finalidad es distinta, sus mejores energías están puestas al servicio de la sociedad civil. Un servicio, por supuesto, altamente político: se trata de influir en la opinión pública, de inconformar, de crear censos, de ampliar la democracia. En definitiva y por ello el nombre de construir comunidad. La radio comunitaria presenta cuatro objetivos estratégicos:
Contribuir con la ciudadanía y forjar identidad, esto son los fines de la radio comunitaria que se enmarcaría en el proceso de socialización y culturización de las personas elaborando formatos de:La radio, según McLuhan, es un medio eminentemente visual y esto es posible porque los humanos no tenemos dos ojos. Tenemos tres. El oído también ve. O mejor dicho, el oído hace ver al ojo interior, a ese que llamamos imaginación. Los ojos de la cara pueden estar cerrados. El tercero, es el de la mente, sigue bien abierto y espera que los demás sentidos, especialmente el oído lo estimule. El oído es como el cómplice de la imaginación, todo se lo cuenta. Pero para que ésta se interese, el oído tiene que transmitirle imágenes, las famosas imágenes auditivas. La radio no solamente se trata de hacer ver a los ciegos, sino de hacer oler sin nariz y acariciar sin manos y saborear a la distancia. Cuando estos ingredientes; efectos sonoros, música y palabra; se mezclan, no hay atención que escape ni orador que resulte más persuasivo.
Y es que hacer radio es seducir al oyente, lograr establecer esa corriente efectiva de emisor hacia el receptor y viceversa. Podemos tener buena voz, saber de técnicas, buenas iniciativas y haber hecho cinco años de periodismo en la universidad. Pero si no se siente algo por dentro, si no nos metemos en la magia del medio y no disfrutamos del programa, nunca llegaremos a ser buenos radialistas. El objetivo en sí, no es hablar bien, es comunicar.
Si logramos captar la atención de los oyentes, persuadir e influenciar, nuestra sociedad también lograra expresar a través del proceso comunicacional que es la radio. Puede ser un gran recurso para encaminar a una sociedad con deficiencias integradoras y buscar así poder contribuir a la formación humana a través del análisis de sus contenidos radiales y en su crítica posterior en tanto su sostenibilidad sea óptima y apueste a generar espacios de participación ciudadana y de opinión pública.
La influencia que tienen las radios comunitarias en los procesos sociales y culturales cuando.
Su finalidad es distinta, sus mejores energías están puestas al servicio de la sociedad civil. Un servicio, por supuesto, altamente político: se trata de influir en la opinión pública, de inconformar, de crear censos, de ampliar la democracia. En definitiva y por ello el nombre de construir comunidad. La radio comunitaria presenta cuatro objetivos estratégicos:
-Contribuir al Desarrollo: una comunicación no concebida como una labor meramente técnica o de difusión, sino como un espacio de dialogó, de interacción entre sujetos. y un desarrollo que no se mide solamente por el nivel de ingreso económico de la población, sino por cuanto ha mejorado su calidad de vida. Logrando el protagonismo de la ciudadanía en los planes de desarrollo, mediante las radios comunitarias, fortalecer a través del terreno de la comunicación, donde puede aportar significativamente.
- Democracia: las emisoras independientemente de intereses políticos y comerciales pueden y deben asumirse como parlamentos al aire libre, como ágoras de ciudadanía. Una radio comunitaria vive en estado de elecciones. A través de ella la, gente la gente de la calle opinara sobre la gestión de sus gobernantes, sumara y restara apoyos, cuestionará, exigirá transparencia política y económica. Se trata de tomar en serio la democracia, la soberanía que reside en el pueblo.
- Defender los derechos humanos: necesitamos tribunas para ampliar democracia. También necesitamos tribunales para defender los derechos humanos, a donde pueda recurrir la sociedad civil para denunciar las mil y una violación que ha diario se cometen. Ya mencionamos el periodismo de investigación y los formatos de intermediación social. Ambas prácticas nos permitirán hacer causa común con los oyentes que llaman para contar los abusos de que han sido víctimas, para plantear una denuncia o solicitar un apoyo. Las emisoras con espíritu justiciero pueden jugar un papel decisivo si actúan como mediadoras en estas difíciles situaciones.
-Proteger la diversidad cultural: las radios comunitarias promueven la diversidad cultural. El derecho a pensar con cabeza propia. Y a gustar con paladar propio. ¿cómo hacer para que la radio comunitaria se convierta en protagonista del desarrollo cultural de las comunidades donde está enclavada? Es vital demostrar a través de elementos prácticos, un enfoque correcto de las necesidades y expresiones culturales propias de la localidad, para que estas puedan estar presentes en la programación de una radio comunitaria. Aquí radica el centro de la masificación de la cultura.
Lenguaje radio fónico, efectos de sonido y géneros radiales.
Según José Luis Fernández, al evaluar los aportes de los distintos dispositivos técnicos a la construcción discursiva, se debe proceder cuidadosamente. En el caso específico de la radio, la mayor parte de los estudios globales otorga una particular importancia a la tecnología de dominio de las ondas hertzianas. Ese soporte está ligado sin duda al desarrollo histórico, como al de la radiofonía.
Para llevar a cabo las primeras aproximaciones, habría que definir a la “materia de la expresión”, que circunscribe a la facultad discursiva de un medio, como el conjunto de las restricciones y posibilidades discursivas que establecen los dispositivos técnicos utilizados para la comunicación.
La comunicación radio fónica tiene muchas etapas y en todas ellas hay posibilidad de ruidos como las complicaciones técnicas hasta las diferencias culturales y enredos psicológicos. Revisemos un circuito que recorre un mensaje desde el punto de partida hasta el de llegada.
Las cuerdas vocales del locutor generan ondas sonoras. En este primer momento de la emisión entran, en juego muchos factores humanos y físicos.
El micrófono convierte las ondas sonoras en corrientes eléctricas. Esta etapa esta condicionada por la calidad del micrófono que se emplea.
¿Y el silencio?
En la radio se llama bache cuando se produce un silencio inesperado, no previsto en cualquier momento de la programación.
En una cabina se dan mil y una oportunidades para dejar baches: la computadora colgada, el teléfono que no entra, el apagón de luz. Estos silencios no pretendidos equivales a la pantalla de televisión en negro. No tienen ningún significado, son fallas que deben evitarse. Los baches constituyen ruidos peligros en la comunicación. Si se prolongan la, cortan.La pausa, por el contrario, está cargada de sentido. Hacer pausa es tomarse el tiempo necesario para subrayar una frase o una situación. Esto vale para todos los géneros y para todos los comunicadores.
Desde este punto de vista podemos ver a la radio como un medio de comunicacion que influye en los procesos sociales y culturales, pero para que esto suceda debe lograr captar la atención del oyente a través de la persuasión y el adecuado lenguaje radiofónico.
